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Introducción
El libro Trabajo Social y Descolonialidad. Epistemologías insurgentes para la intervención en lo social (EUDEM, 2020), compilado por María Eugenia Hermida y Paula Meschini, constituye una obra fundamental dentro de la producción contemporánea del pensamiento social latinoamericano. Es más que un texto académico: es una apuesta política, epistémica y ética que interpela el modo en que se produce conocimiento y se ejerce la profesión del Trabajo Social en contextos cuyos cimientos se asientan en la colonialidad, el patriarcado y las desigualdades estructurales.
Desde sus primeras páginas, esta obra da sentido a su contenido, se organiza de manera colectiva, nos invita a desenmarañar el modo en que hemos aprendido a pensar y actuar, no solo en la profesión sino en la vida misma. La propuesta de Hermida y Meschini no busca ofrecer un “nuevo paradigma” en sentido clásico, sino desmantelar las jerarquías de saber que históricamente separaron a quienes investigan de quienes viven las realidades sociales.
Al hacerlo, la compilación dialoga con una genealogía de autoras y autores que, desde Abya Yala, cuestionaron las formas eurocentradas del conocimiento: Quijano, Mignolo, Lugones, Castro-Gómez, Walsh, Segato, entre otra/es.
El tono general del libro interpela, alerta: tensiona los límites de la disciplina, cuestiona a la academia, y a la vez reconoce en las experiencias populares y comunitarias una fuente legítima de saber. De allí la potencia del subtítulo: “Epistemologías insurgentes para la intervención en lo social”. La insurgencia aquí no remite a un gesto romántico de rebeldía, sino a un modo situado de construir conocimiento: reconocer en la práctica social y política una forma de teoría encarnada
¿Por qué Descolonialidad?
Fundamento lingüístico
Hermida y Meschini explican que el prefijo “des-” en castellano implica oposición o privación, mientras que “de-” es una forma ajena a la gramática española, tomada del inglés o del francés. Por tanto, “descolonialidad” expresa de modo más coherente con nuestra lengua la oposición activa a la colonialidad del poder, al ser, al saber y al hacer.
“Hablar de descolonialidad implicaría plantear una oposición a la colonialidad del poder, o pugnar por la privación de las lógicas que, en términos del ser, del saber y del poder se instrumentan” (Hermida & Meschini, 2020, p. 22).
Fundamento gramatical
La forma “descolonial” permite mantener coherencia con otras derivaciones del mismo lexema —como descolonizar, descolonización, descolonialidad—, mientras que decolonial introduce una ruptura innecesaria en la familia léxica. De este modo, se elige un término que homogeneiza el campo semántico y evita inconsistencias conceptuales.
Fundamento teórico-epistémico
En el plano del pensamiento crítico, el grupo editorial opta por alinearse con la tradición argentina y latinoamericana, donde prevalece el uso de descolonial, no sólo por razones idiomáticas, sino también para enraizar el concepto en genealogías propias del pensamiento nacional y popular (Jauretche, Kusch, Hernández Arregui, Cooke, entre otros).
“El término descolonialidad es entendido por nosotros/as en tanto procesos y práctica de resistencia y construcción social, cultural y académica que adscribe también a otras genealogías” (p. 23).
De este modo, las autoras aclaran que no son los únicos aportes, los del Grupo Modernidad/Colonialidad/Descolonialidad (Mignolo, Quijano, Maldonado-Torres, Walsh), sino que articulan con tradiciones latinoamericanistas y liberacionistas más amplias.
Finalmente, el término descolonialidad se asume como una práctica viva de resistencia, ruptura y creación, no como un mero deshacer lo colonial. Siguiendo a Catherine Walsh, el prefijo “des” no alude a “volver atrás”, sino a abrir horizontes de re-existencia, intervención y creación.
“No existe un estado nulo de la colonialidad, sino posturas, horizontes y proyectos de resistir, transgredir, intervenir, in-surgir, crear e incidir” (Walsh, cit. en Hermida & Meschini, 2020, p. 21).
En síntesis, las autoras eligen “descolonialidad” por las siguientes premisas:
En esta obra proponen una organización por ejes:
1) Descolonizar el pensamiento profesional
“Intervenir en lo social desde América Latina implica desobedecer las lógicas que nos pensaron desde afuera.” - María Eugenia Hermida
La introducción del volumen enmarca con claridad esta orientación. Hermida escribe que pensar la descolonialidad en el Trabajo Social “no implica añadir un nuevo capítulo a los manuales de intervención, sino revisar la matriz epistémica que sostiene nuestras prácticas”. La autora plantea que la formación profesional en Abya Yala heredó estructuras de pensamiento propias de la modernidad occidental: la razón instrumental, la división entre sujeto y objeto, la idea de neutralidad científica y la pretensión de universalidad.
Estas categorías, que alguna vez se consideraron signo de rigor académico, se vuelven hoy problemáticas. En los escenarios sociales complejos —violencias de género, exclusión, precarización, extractivismo—, sostener la ilusión de un conocimiento “puro” y separado de la vida solo reproduce las mismas lógicas de dominación que el Trabajo Social pretende transformar.
Hermida recupera el pensamiento de Aníbal Quijano al afirmar que la colonialidad del poder sigue operando en las instituciones modernas. En la academia, esa colonialidad se traduce en una jerarquía de saberes donde los conocimientos del Norte global aparecen como legítimos, mientras que las experiencias del Sur son vistas como anecdóticas o “empíricas”. Frente a eso, la autora propone un giro epistemológico: asumir la desobediencia epistémica como método.
La desobediencia epistémica, en este contexto, es una práctica de ruptura. Significa autorizarse a pensar desde otros lugares, reconocer la validez de los saberes comunitarios, de las experiencias de las mujeres, de los pueblos originarios y de los movimientos sociales. Es una apuesta por democratizar el conocimiento y por descentrar el canon disciplinar.
2) Genealogías del Trabajo Social y colonialidad
Algo esencial del libro es ubicar históricamente la discusión. Varios de los capítulos reconstruyen las condiciones bajo las cuales el Trabajo Social se profesionalizó en los países de Abya Yala, destaca el origen vinculado a proyectos de control y moralización. Los primeros programas de asistencia social estuvieron profundamente imbricados con las lógicas del Estado-nación, la Iglesia y las élites ilustradas.
Desde esa genealogía, el libro interpela: ¿cuánto de esas matrices fundacionales persiste hoy en nuestras instituciones? La pregunta no busca negar los avances críticos del Trabajo Social, sino advertir que la descolonización del saber profesional no se reduce a incluir bibliografía latinoamericana, sino a transformar las relaciones de poder que estructuran la producción de conocimiento.
En un pasaje significativo, Hermida señala que “el Trabajo Social nació colonizado y, sin embargo, en su historia laten resistencias”. Allí radica el potencial del enfoque descolonial: hacer visible que incluso en los márgenes del dispositivo modernizador hubo prácticas de cuidado, acompañamiento y solidaridad que escaparon a la lógica asistencialista y tecnocrática.
El libro reivindica esas formas de resistencia subterráneas como semillas de una epistemología propia. Recupera experiencias históricas de organización popular, trabajo barrial y pedagogías emancipadoras que, aunque no siempre se nombraron como “descoloniales”, anticipaban la crítica al saber hegemónico.
3) Epistemologías insurgentes y feminismos del Sur
El diálogo entre descolonialidad y feminismos ocupa un lugar central en la compilación. Adhiero de manera contundente, cuando las compiladoras (Hermida y Meschini) reconocen que las epistemologías del Sur no pueden pensarse sin la contribución de los feminismos latinoamericanos y caribeños, que introdujeron la crítica a la colonialidad de género.
María Lugones, es la autora que hace esa ruptura epistemológica, la citan reiteradamente en varios capítulos, ella sostiene que la colonialidad de género no es un mero efecto secundario del colonialismo, sino una estructura que impuso una jerarquía sexual y racial sobre los cuerpos. En esa línea, el libro propone entender el Trabajo Social no solo como práctica técnica, sino como campo de disputa simbólica donde se producen subjetividades y se naturalizan desigualdades. En las páginas dedicadas a los aportes feministas, se destacan las reflexiones sobre el cuerpo, el cuidado y la afectividad como dimensiones del conocimiento. Frente al mandato de objetividad, las autoras reivindican el sentir, el estar-con, el involucrarse como modos legítimos de producir saber. La ética del cuidado aparece entonces como un horizonte político que subvierte la racionalidad patriarcal del distanciamiento.
El diálogo con las epistemologías feministas también permite revisar la noción de intervención. En lugar de pensarla como acción sobre otra un otro, el libro propone concebirla como práctica relacional, horizontal, donde quien interviene también se transforma. Esta mirada se alinea con las propuestas de autoras como Claudia Anzorena y Silvia Federici, para quienes la reproducción de la vida y la sostenibilidad de los vínculos son espacios de resistencia frente a la lógica neoliberal.
4) Conocimiento situado y justicia cognitiva
Uno de los conceptos transversales del libro es el de conocimiento situado. Siguiendo a Donna Haraway y a las pensadoras latinoamericanas que la reinterpretan, las compiladoras subrayan que todo conocimiento está encarnado: tiene cuerpo, lugar, historia y afectos. No existe mirada desde “ninguna parte”.
En el campo del Trabajo Social, reconocer esa situación implica abandonar la ilusión de neutralidad profesional y asumir que toda intervención se produce desde una posición política. Esta afirmación tiene consecuencias éticas y metodológicas. Supone reconocer las asimetrías de poder entre profesionales y comunidades, y repensar los modos de relación para construir procesos participativos, dialógicos y de coautoría.
El libro retoma el concepto de justicia cognitiva propuesto por Boaventura de Sousa Santos, pero lo reinterpreta desde la praxis del Trabajo Social. La justicia cognitiva no es solo el derecho a producir conocimiento, sino también el derecho a que ese conocimiento tenga efectos transformadores en la vida de las personas. En ese sentido, las autoras proponen pensar la intervención como un acto de redistribución epistémica: abrir espacios para que otros saberes circulen, dialoguen y disputen legitimidad.
5) Intervención situada y transformación social
Me interesa destacar en el libro, el tiempo que le dedicaron a restituir al concepto de intervención su densidad política. Al alejarse de la noción tecnocrática de “procedimiento profesional”, la intervención aparece como práctica de diálogo, co-construcción y resistencia. Hermida y Meschini destacan que intervenir implica asumir una posición, y que toda práctica del Trabajo Social es también una práctica de poder: o bien reproduce la colonialidad, o bien la disputa.
La descolonialidad se vuelve así una ética de la implicación. Intervenir supone leer el contexto con mirada crítica, pero también reconocerse parte de él. No hay exterioridad posible; sólo responsabilidad compartida. Esta idea se enlaza con la noción de praxis transformadora que José Paulo Netto y Silvana Martínez han defendido: la acción profesional como producción de sentido colectivo frente a la desigualdad estructural.
En varios capítulos se insiste en que la descolonialidad no es una teoría abstracta sino una práctica cotidiana: se manifiesta en las decisiones de lenguaje, en los modos de nombrar a los sujetos, en las metodologías participativas, en la elección de fuentes y autores. Por eso, el libro se convierte en una herramienta pedagógica y política que desafía a docentes, estudiantes y profesionales a revisar sus propios marcos de referencia.
6) Hacia una pedagogía de la desobediencia
El texto plantea que descolonizar el Trabajo Social implica transformar también las pedagogías universitarias. La formación académica suele mantener un currículum eurocentrado y masculinizado que invisibiliza los aportes del Sur global. Frente a ello, las autoras proponen una pedagogía de la desobediencia, inspirada en Freire, pero resignificada desde el pensamiento descolonial.
Esa pedagogía consiste en aprender a desaprender: desmontar los supuestos del saber autorizado y abrir espacio a la experiencia. La investigación deja de ser monopolio del experto y se convierte en proceso colectivo de construcción de conocimiento. La figura del docente se desplaza del centro hacia la mediación horizontal; el aula se vuelve territorio de diálogo y no de transmisión.
Esta propuesta conecta directamente con las luchas feministas por democratizar la universidad. Así como los protocolos de género han cuestionado las violencias institucionales, la descolonización del currículo busca desmontar las violencias epistémicas que jerarquizan voces y saberes. En ambos casos, el horizonte es el mismo: una universidad pública, plural, situada y emancipadora.
7) Descolonizar el lenguaje y la escritura
Otra de las dimensiones subrayadas por el libro es la del lenguaje. La colonialidad no sólo se reproduce en los contenidos, sino en las formas de decir. Escribir desde el Sur implica disputar la sintaxis del poder: nombrar desde la experiencia, recuperar palabras negadas, reescribir categorías que fueron impuestas.
Hermida propone un ejercicio de traducción insurgente: no traducir al lenguaje académico aquello que proviene de la práctica popular, sino dejar que su potencia poética irrumpa en el texto. En ese gesto, la escritura se convierte en acto político. La descolonialidad no se limita a los temas que tratamos; atraviesa el modo en que los contamos.
Esta preocupación estilística resuena con las reflexiones de las autoras feministas latinoamericanas que han reivindicado la narración, la crónica y la autobiografía como formas válidas de conocimiento. Al incluir distintos registros, el libro nos recuerda que el saber no siempre adopta la forma del paper, y que la sensibilidad también es un modo de pensar.
8) Resonancias en el campo profesional
Las discusiones del volumen tienen una resonancia directa en las políticas públicas y en los dispositivos institucionales. En contextos de desigualdad creciente, el Trabajo Social ocupa un lugar estratégico: se sitúa entre el Estado y la sociedad, entre la norma y la vida concreta. Desde allí, las trabajadoras sociales enfrentan dilemas éticos permanentes.
El enfoque descolonial ofrece herramientas para leer esos dilemas no como fallas individuales, sino como efectos de estructuras históricas. El desafío es construir intervenciones que no reproduzcan la lógica asistencial ni la verticalidad del control social, sino que fortalezcan procesos de autonomía y reconocimiento.
En este punto, el libro dialoga con los planteos de Nancy Fraser sobre la articulación entre redistribución y reconocimiento. Descolonizar la práctica profesional implica luchar simultáneamente contra la pobreza material y contra la desvalorización simbólica de los sujetos. No hay justicia social sin justicia cultural y cognitiva.
9) Reflexión final: leer desde la práctica
Leer Trabajo Social y Descolonialidad es una experiencia profesional, emocional y cognitiva. Un ejercicio de deconstrucción epistémica, de desaprender para mirar de manera critica mi propia practica en los territorios donde intervengo —centros de salud, comunidades, espacios universitarios—. Estas premisas que propone la autora, le dan un comprometido sentido y un significado de corresponsabilidad a la intervención profesional. Nos pone en alerta, para identificar acerca donde se reproducen las tensiones entre saberes experto y saberes populares, entre la norma institucional y la vida cotidiana. Este libro me permitió poner en palabras muchas intuiciones que emergen en la práctica: que acompañar es también resistir; que escuchar es un acto político; que el cuidado no se enseña, se comparte.
Al cerrar sus páginas, comprendí que descolonizar el Trabajo Social no es un objetivo a alcanzar, sino un camino a recorrer colectivamente. Implica revisar los privilegios del conocimiento, abrir espacio a otras voces, reconocer la interdependencia que nos sostiene. La descolonialidad, más que una teoría, es una forma de estar en el mundo: con los pies en el territorio y la mirada en la dignidad.
Como señala María Eugenia Hermida en uno de los pasajes más potentes del libro, “no hay intervención transformadora sin transformación de quien interviene”. Esta frase condensa el espíritu de toda la obra y, de algún modo, de nuestra propia práctica: el Trabajo Social se vuelve ético y político cuando se deja afectar por las historias que acompaña.
Aportes destacados en cada capitulo
Capítulo 1. La negación de lo Otro como violencia. Pensamiento decolonial y cuestión social
Autor: Alfredo Juan Manuel Carballeda
Carballeda introduce una tesis central: la cuestión social no puede comprenderse sin reconocer las violencias coloniales que constituyeron nuestras sociedades latinoamericanas.
El autor sostiene que la construcción del “Otro” —pobre, indígena, mujer, migrante, loco, desviado— ha sido históricamente una operación colonial que legitima la intervención social.
En este sentido:
El Trabajo Social, nacido dentro de los marcos del Estado moderno, heredó categorías coloniales de la sociología y la psicología positivista.
Estas categorías permitieron “nombrar” al Otro desde una posición de superioridad moral y cognitiva: el profesional como sujeto racional, el Otro como objeto de intervención.
Carballeda propone revertir esa matriz, reconociendo que la alteridad no es déficit ni desvío, sino fuente de saber y de potencia transformadora.
“La Otredad se transforma en una perspectiva epistemológica que se propone analizar la imagen y construcción de las culturas que hicieron su lugar en la periferia” (Hermida & Meschini, 2020, p. 39).
El capítulo invita a un Trabajo Social que escuche las prácticas, las memorias y las formas de vida populares, comprendiendo la intervención no como corrección sino como diálogo entre saberes situados.
Capítulo 2. Tejiendo conocimientos en los círculos sentipensantes: hacia un Trabajo Social decolonial y del Buen Vivir
Autora: Marisol Patiño Sánchez
Patiño Sánchez articula la descolonialidad con el principio del “Buen Vivir” (Sumak Kawsay), que emerge de las cosmovisiones andinas.
Su propuesta de los “Círculos sentipensantes” busca construir espacios colectivos donde razón, emoción y cuerpo se integren en la producción de conocimiento.
Aquí aparece una idea clave del pensamiento descolonial feminista latinoamericano:
El conocimiento no se produce sólo desde la mente, sino desde el cuerpo, el territorio y la comunidad.
“Tejer conocimientos en los círculos sentipensantes es una acción política que interpela las relaciones de poder y jerarquización presentes en las Ciencias Sociales” (p. 40).
Patiño propone que el Trabajo Social descolonial sea una práctica pedagógica y ética, que acompañe procesos colectivos de emancipación desde el respeto por la diversidad cultural y epistémica.
Capítulo 3. El Trabajo Social emancipador como aporte a los procesos de decolonialidad
Autora/r: Silvana Martínez y Juan Agüero
Martínez y Agüero vinculan el Trabajo Social emancipador —que ambos desarrollan desde hace años— con el giro descolonial.
Sostienen que ambos enfoques comparten una misma raíz: las teologías, filosofías y pedagogías de la liberación latinoamericanas (Dussel, Freire, Fals Borda, Gutiérrez).
El texto plantea que el Trabajo Social no puede reducirse a la gestión técnica de la desigualdad, sino que debe producir pensamiento crítico propio desde las realidades de los pueblos del Sur.
Así, la decolonialidad se traduce en una praxis que:
“La descolonización cultural implica la revalorización de lo nativo, la recuperación de los saberes populares y de las lenguas autóctonas” (p. 41).
En síntesis, este capítulo formula la alianza entre emancipación y descolonialidad: dos dimensiones inseparables del Trabajo Social latinoamericano contemporáneo.
Capítulo 4. Implicaciones para un Trabajo Social intercultural crítico y decolonial latinoamericano y caribeño
Autora: Esperanza Gómez-Hernández
Gómez-Hernández introduce el concepto de interculturalidad crítica, diferenciándolo del uso superficial o multiculturalista que muchas veces hacen los organismos internacionales. Desde la perspectiva descolonial, la interculturalidad debe ser entendida como un proyecto político de reconocimiento y redistribución, no solo como convivencia simbólica entre culturas.
El capítulo denuncia que la “diversidad” ha sido muchas veces capturada por el neoliberalismo para gestionar la diferencia sin cuestionar la estructura de poder.
Por eso, el Trabajo Social debe:
Capítulo 5. El Estado, el poder y la política en los estudios poscoloniales y el enfoque descolonial. Aportes para el Trabajo Social
Autora: María Eugenia Hermida
Este capítulo de Hermida es un texto fundamental.
Ella sostiene que el Trabajo Social no puede desentenderse del Estado como escenario de disputa política.
Si bien el Estado moderno tiene raíces coloniales y patriarcales, también puede ser un espacio de resistencia y transformación cuando es apropiado por los pueblos.
Hermida analiza los conceptos de colonialidad del poder (Quijano), colonialidad del ser (Maldonado-Torres) y colonialidad del saber (Lander, Mignolo), aplicándolos a la práctica del Trabajo Social.
Desde esa lectura, propone una relectura descolonial de lo político: intervenir en lo social implica disputar sentidos, lenguajes y modos de legitimidad.
“Los debates en torno al Estado y a lo político debieran ocupar un rol primordial en la agenda del Trabajo Social nuestroamericano” (p. 41).
Su aporte es clave: el Trabajo Social descolonial no renuncia al Estado, sino que lo reinterpreta como campo de lucha para la democratización del poder y la restitución de derechos.
Capítulo 6. El Trabajo Social y los desafíos de una praxis anticolonial
Autora/r: Esteban Pereyra y Roxana Páez
Este cierre de la primera parte aborda una pregunta crucial:
La autora y el autor discuten el origen del Trabajo Social, señalando que la disciplina surgió dentro del mundo colonial y a imagen del Norte.
Sin embargo, sostienen que la praxis anticolonial es posible cuando se cuestionan los fundamentos eurocéntricos de la formación y de la intervención.
Plantean tres desafíos:
El capítulo invita a repensar la intervención como acto político de emancipación, donde el conocimiento no se impone, sino se construye en común.
CONCLUSIÓN DEL PRIMER EJE
En conjunto, los seis capítulos tejen una cartografía epistemológica del Trabajo Social descolonial, donde convergen tres principios fundamentales:
“El pensar/hacer descolonial en el Trabajo Social implica romper con la idea de neutralidad científica y asumir que toda práctica profesional es también una práctica política.”
Capítulo 7. La sistematización de la intervención en lo social: aportes del pensamiento descolonial a la producción de conocimiento en Trabajo Social
Autoras: Paula Meschini y María Luz Dahul
Desde lo conceptual, este capítulo tiene una densidad considerable.
Meschini y Dahul parten de una pregunta:
¿Cómo producir conocimiento en Trabajo Social sin repetir los moldes de la epistemología moderna-positivista?
Su respuesta se centra en la sistematización de la práctica, entendida no como simple ordenamiento técnico, sino como proceso reflexivo, político y descolonial.
Las autoras critican el modelo clásico de “investigador externo” y reivindican la idea de que el saber nace en la práctica, en la experiencia situada, en el hacer colectivo.
“El decir del hacer en Trabajo Social no puede repetir los patrones de la epistemología moderna positiva; debe indisciplinarse en la apuesta por una construcción de conocimientos reflexiva, validada y descolonial.”
Inspiradas en Alfredo Carballeda, Paulo Freire y el grupo Modernidad/Colonialidad, plantean que la sistematización:
Así, la escritura profesional se vuelve una forma de resistencia, una narración colectiva que recupera la experiencia como fuente de conocimiento legítimo.
Capítulo 8. El compromiso como frontera grupal en los equipos de salud. Prácticas e ideología
Autora: María del Pilar Rodríguez
Rodríguez lleva la reflexión descolonial al campo sanitario.
Desde su experiencia en equipos interdisciplinarios, analiza cómo las instituciones de salud reproducen lógicas coloniales —jerarquías profesionales, medicalización, desconfianza hacia los saberes comunitarios— que fragmentan la atención y niegan la voz de los sujetos.
Introduce el concepto de “compromiso como frontera grupal”, para describir la tensión entre:
El Trabajo Social, en este escenario, actúa como bisagra entre saberes: traduce lenguajes, reconstruye lazos, y sostiene el cuidado como práctica política.
El enfoque descolonial le permite repensar el “compromiso profesional” no como obediencia institucional, sino como responsabilidad con los cuerpos y territorios vulnerados.
Capítulo 9. Epistemología mapuche e intervención comunitaria: aportes a la justicia cognitiva desde el Trabajo Social
Autoras: Alicia Rain Rain y Gianinna Muñoz Arce
Este capítulo es un punto alto del libro: encarna plenamente la idea de justicia cognitiva.
Las autoras —una de ellas integrante del pueblo mapuche— sostienen que las epistemologías indígenas no son “alternativas” ni “complementarias”, sino saberes plenos y políticos, negados por el colonialismo.
Desde la cosmovisión mapuche, presentan categorías propias como:
El Trabajo Social, afirman, debe aprender de estas formas de conocimiento si aspira a una práctica realmente intercultural.
Así, intervenir no es imponer, sino entrar en relación respetuosa con los saberes territoriales, reconociendo que todo conocimiento tiene cuerpo, historia y lugar.
“La epistemología mapuche permite pensar la intervención comunitaria como un proceso de aprendizaje y reciprocidad, y no de control o diagnóstico.”
Este enfoque se enlaza con el horizonte del Buen Vivir y la pluriversalidad de los saberes (Mignolo, De Sousa Santos).
Capítulo 10. Colonialismos y racialización en la provincia de Santa Cruz. Procesos migratorios y desigualdad. “Los del Norte y cómo se configuran nuevas formas de eurocentrismo colonial”
Autora: Mónica Noemí Glomba
Glomba aborda un caso empírico: las formas contemporáneas de colonialismo interno y racismo estructural en la Patagonia argentina.
Analiza cómo la migración norteña —de provincias como Santiago del Estero, Tucumán o Jujuy— es estigmatizada bajo discursos de inferioridad, reproduciendo jerarquías coloniales de color y origen.
Su lectura descolonial evidencia que:
Desde el Trabajo Social, propone desnaturalizar esas jerarquías e intervenir reconociendo la violencia simbólica del eurocentrismo.
El desafío es construir prácticas institucionales que abracen la diversidad como principio ético y político, no como tolerancia pasiva.
Capítulo 11. Hacia un Trabajo Social descolonial: de los objetos de intervención al protagonismo social en Nuestra América
Autoras: Xiomara Rodríguez y Ana María Castellano
Este capítulo funciona como cierre y síntesis del libro.
Rodríguez y Castellano plantean una transformación radical: el Trabajo Social debe abandonar la lógica del “objeto de intervención” —que presupone sujetos pasivos, diagnosticados desde arriba— y promover el protagonismo social de los pueblos.
El texto se nutre de los aportes de Boaventura de Sousa Santos, Paulo Freire y Catherine Walsh, integrando el pensamiento descolonial con una pedagogía emancipadora.
Las autoras afirman que el Trabajo Social descolonial: se construye con otros, no sobre otros; desplaza el binomio “profesional-beneficiario”; y transforma la intervención en diálogo de saberes y acción colectiva.
“Hacer Trabajo Social descolonial es pasar del control al acompañamiento, del diagnóstico a la co-creación, de la ayuda al protagonismo.”
Este capítulo sintetiza el horizonte político del libro: un Trabajo Social que participe activamente en la reinvención democrática de lo social, desde los territorios y junto a los movimientos populares.
CONCLUSIONES DE LA SEGUNDA PARTE
El conjunto de experiencias y reflexiones de esta sección permite delinear un modelo de praxis descolonial en Trabajo Social, caracterizado por:
Cierre Interpretativo
Hermida, María Eugenia y Meschini, Paula (Comps.).
Trabajo Social y Descolonialidad: Epistemologías insurgentes para la intervención en lo social. EUDEM, 2020.
La obra forma parte de la colección Indisciplinas de la Editorial de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Surge del Programa Interdisciplinario sobre Estudios Descoloniales, un espacio académico y militante que articula equipos de investigación de Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, Venezuela y Ecuador. Esta procedencia explica su carácter polifónico, situado y latinoamericanista, enraizado en las luchas por la justicia social y cognitiva.
Descolonizar el Trabajo Social: es una tesis potente, provocadora, necesaria en este momento histórico global. Las compiladoras María Eugenia Hermida y Paula Meschini —junto con las autoras y autores convocadas/es— develan realidades y acompañan vivencias del Trabajo Social que camina al calor del sol de Abya Yala.
Esta obra, que ya tiene una segunda edición, refleja la urgencia que representa no solo al Trabajo Social, descolonizar el modo en que conocemos, intervenimos, existimos, resistimos y en lo posible avanzamos. La quietud es un retroceso.
El libro articula crítica epistemológica y compromiso político, mostrando que la descolonialidad no es una moda teórica, sino una herramienta para recrear la praxis profesional desde el Sur, con raíces en nuestras luchas, lenguas y cuerpos. Descolonizar el Trabajo Social implica politizar el conocimiento, romper con el mito de la neutralidad y reconocer que toda intervención es, también, una toma de posición ética.
La elección del término “descolonialidad”
“Hablar de descolonialidad implicaría plantear una oposición a la colonialidad del poder, o pugnar por la privación de las lógicas que en términos del ser, del saber y del poder se instrumentan” (Hermida & Meschini, 2020, p. 22).
Parte I — Discusiones epistémica
Esta sección configura una cartografía de rupturas epistemológicas que redefine al Trabajo Social como práctica política, relacional y emancipadora.
Una puesta en común de las DISCUSIONES EPISTÉMICAS:
Parte II - Intervenciones situadas
La segunda parte traduce la teoría descolonial en prácticas concretas:
Imprescindible retomar la idea de justicia cognitiva que reconoce las epistemologías indígenas, feministas y populares como fuentes legítimas de conocimiento. Para estas autoras, la descolonialidad la entiende como una práctica viva de resistencia y re-existencia, más que como una categoría teórica. Desde esta mirada, el saber no es propiedad del experto, sino una construcción colectiva, afectiva y territorial.
Promueven una ética del cuidado, la reciprocidad y la comunidad, donde el conocimiento se produce en la relación y en la escucha, no en la distancia. Su horizonte es pluriversal y colectivo: una ecología de saberes que devuelve al Trabajo Social su dimensión transformadora.
“Porque sin justicia cognitiva, no habrá justicia social” (Hermida & Meschini, 2020, p. 37).
Aportes principales
El pensamiento de Hermida y Meschini representa una inflexión epistemológica en el campo del Trabajo Social contemopareo.
Su propuesta conjuga teoría crítica, compromiso político y práctica situada.
La descolonialidad, entendida como horizonte ético y metodológico, repolitiza el conocimiento y devuelve al Trabajo Social su potencia emancipadora: imaginar y construir mundos posibles desde los cuerpos, los territorios y las resistencias de Abya Yala.
Bibliografía
Anzorena, Claudia (2021). Epistemologías feministas del Sur. Cuerpos, saberes y resistencias en América Latina. CLACSO.
Federici, Silvia (2012). Revolución en punto cero. Trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas. Traficantes de Sueños
Fraser, Nancy (2008). Escalas de justicia. Herder.
Hermida, María Eugenia, & Meschini, Paula (Comps.). (2020). Trabajo Social y Descolonialidad. Epistemologías insurgentes para la intervención en lo social. Mar del Plata: EUDEM.
Lugones, María (2010). “Toward a decolonial feminism.” Hypatia, 25(4), 742-759.